• CineScrúpulos (Año 6. Número 17. Marzo de 2018)

      Pita, César (Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), 2018-03)
      ...pero antes una confesión. Los jóvenes de ahora quieren que su abuelo sea Stan Lee, el viejo más chévere del cine moderno. Yo no. Y no es por ser contra, porque Stan Lee es cool y desternillante. A mí me hubiera gustado tener un abuelo como George A. Romero, quien partió a mediados del año pasado a sus 77 años. A Romero todos lo querían. Basta ver a Guillermo del Toro cuando interactúa con él en una fantástica entrevista. El discípulo frente al maestro recuerda el estremecimiento. Y el viejo Romero observa incrédulo, con una sonrisa escondida tras su barba espesa, el pelo amarrado estilo Robles Godoy (o al revés) y sus ojos traviesos que miran a través de dos potos de botella (sus gafas marca de fábrica). Trata de disminuir los cumplidos y habla de sus errores como si se tratara del más común de los mortales. Y no lo es. Y eso es algo que debemos agradecer en un genio capaz de crear una metáfora de nosotros mismos en sus amados zombis. La presente edición de CineScrúpulos está dedicada a la memoria de un revitalizador del género de terror que también es responsable, en parte, de los cambios que el séptimo arte vivirá en los Estados Unidos durante la década de los sesenta, un luchador contra el sistema con una coherencia que ya quisieran otros directores. Y hemos revisado con gusto toda su filmografía para dar cuenta de su legado. Pero también tenemos un informe que intenta escarbar en las similitudes que pueden tener los personajes de dos cineastas que en más de una ocasión se han visto rodeados por el escándalo: el chileno Alejandro Jodorowsky y el norteamericano Darren Aronofsky, distintos en sus propuesas pero similares en los caminos que sus personajes transitan. ¿Locura? ¿Encuentro? ¿Reconciliación con la naturaleza? ¿Destrucción? ¿Penitencia? ¿Humanidad? Y finalmente, no podemos estar ajenos al devenir audiovisual que se independiza de la gran pantalla e ingresa a escenarios cada vez más personales: nuestras casas, teléfonos celulares y dispositivos digitales. Para nadie es un secreto que Netflix se ha convertido en una plataforma de producción y consumo audiovisual importante. Esta es la excusa para indagar en la obra cinematográfica y televisiva de David Fincher con el fin de encontrar similitudes o diferencias. Y que quede claro: Romero no se ha convertido en zombi. Él es inmortal.
      Acceso abierto