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dc.contributor.authorZegarra Mulanovich, Gonzaloes_PE
dc.date.accessioned2015-04-20T17:26:02Zes_PE
dc.date.available2015-04-20T17:26:02Zes_PE
dc.date.issued2015-04-20es_PE
dc.identifier.issn1729-7958es_PE
dc.identifier.urihttp://hdl.handle.net/10757/550374es_PE
dc.description.abstractEste artículo plantea que el contrato social es un fideicomiso del poder, porque la organización política implica un encargo de confianza de los ciudadanos a las autoridades, por el cual estas administran en nombre de aquellos los bienes públicos de titularidad difusa que pertenecen a todos, pero no pueden ser administrados por todos a la vez, tal como sucede en un fideicomiso privado (donde alguien administra un patrimonio en beneficio de otro). De esa relación entre gobernantes y gobernados surge todo un paradigma de deberes y expectativas fiduciarios –relativos a esa confianza delegada– que configuran la democracia fiduciaria. Esta es una suerte de “democracia representativa mejorada”, pues se inscribe en el marco de la tradición de la democracia representativa de origen liberal y republicano, pero propone ciertos mecanismos de participación democrática directa –en particular, para efectos del rendimiento de cuentas vertical– que pueden hacer más funcional y coherente la representación política.
dc.formatapplication/pdfes_PE
dc.language.isospaes_PE
dc.publisherUniversidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)es_PE
dc.relation.urlhttp://revistas.upc.edu.pe/index.php/economia/article/view/313es_PE
dc.rightsinfo:eu-repo/semantics/openAccesses_PE
dc.subjectDemocraciaes_PE
dc.subjectFideicomisoes_PE
dc.titleLa democracia como fideicomiso. Economía y filosofía políticas del contrato social y sus fallases_PE
dc.typeinfo:eu-repo/semantics/articlees_PE
dc.identifier.journalRevista de Economía y Derechoes_PE
refterms.dateFOA2018-06-16T23:49:54Z
html.description.abstractEste artículo plantea que el contrato social es un fideicomiso del poder, porque la organización política implica un encargo de confianza de los ciudadanos a las autoridades, por el cual estas administran en nombre de aquellos los bienes públicos de titularidad difusa que pertenecen a todos, pero no pueden ser administrados por todos a la vez, tal como sucede en un fideicomiso privado (donde alguien administra un patrimonio en beneficio de otro). De esa relación entre gobernantes y gobernados surge todo un paradigma de deberes y expectativas fiduciarios –relativos a esa confianza delegada– que configuran la democracia fiduciaria. Esta es una suerte de “democracia representativa mejorada”, pues se inscribe en el marco de la tradición de la democracia representativa de origen liberal y republicano, pero propone ciertos mecanismos de participación democrática directa –en particular, para efectos del rendimiento de cuentas vertical– que pueden hacer más funcional y coherente la representación política.


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313-1191-1-PB.pdf
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831.6Kb
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PDF

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